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::: 8vo CAMPEONATO MUNDIAL :::
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:::INGLATERRA 1966:::

Desde su inauguración en 1930, la Copa Mundial de la FIFA™ no ha dejado de crecer, hasta convertirse claramente en el principal torneo de fútbol internacional del mundo. Después de que el Trofeo Jules Rimet fuera robado durante su exhibición en Londres, los anfitriones tuvieron una segunda alegría unos días más tarde, cuando un perro llamado Pickles lo descubrió entre unos arbustos de un jardín, frente a la casa de un barrio del sur de Londres.

Después de que el Trofeo Jules Rimet fuera robado durante su exhibición en Londres, los anfitriones tuvieron una segunda alegría unos días más tarde, cuando un perro llamado Pickles lo descubrió entre unos arbustos de un jardín, frente a la casa de un barrio del sur de Londres.

Pelé volvió a ser maltratado, esta vez por Bulgaria y Portugal, y la ilusión brasileña de obtener su tercer título consecutivo quedó frustrada. Inglaterra, astutamente dirigida por Alf Ramsey (que luego sería nombrado “Sir”), derrotó a Alemania Occidental por 4-2 en la prórroga de una apasionante final celebrada en Wembley. En aquella ocasión, Geoff Hurst hizo historia con un triplete, y con el gol más controvertido de la historia. ¿Cruzó el balón la línea de meta al botar después de estrellarse contra el travesaño? El debate infinito.

¿Sabías que...?

Probablemente, ningún otro momento de la historia de la Copa Mundial haya provocado tanto debate, no sólo entre los aficionados, sino también en las instancias oficiales, como el llamado "gol de Wembley" que transformó Geoff Hurst, y que puso el marcador de la gran final contra Alemania en 3 goles a 2 y a Inglaterra a las puertas de la victoria.

No pasa un año sin que se eche mano de la última tecnología del momento para demostrar de una vez por todas que el balón cruzó (o no cruzó) la línea de gol. Los aficionados al fútbol de todo el planeta todavía se acuerdan del árbitro suizo Gottfried Dienst, quien consultó su decisión con el juez de línea ruso. Algunos, como los hinchas Ingleses, se acuerdan de él para bien; otros, como los alemanes, lo recuerdan con bastante menos cariño.

Tiempos modernos

Un enorme éxito de público dentro y fuera de Inglaterra rodeó el Mundial inglés, que cobró una nueva dimensión en 1966. En el terreno de juego, la nación anfitriona resultó vencedora, e hizo que algunos de sus oponentes se sintieran injustamente tratados.

Con la retirada de la competición de dieciséis países africanos aun antes de que empezaran a jugarse los partidos, los clasificatorios para la Copa Mundial 1966 no empezaron con buen pie. La protesta de África había surgido como consecuencia de una nueva norma de la FIFA que estipulaba que los ganadores de la zona africana debían superar a los ganadores de la zona asiática o de la zona de Oceanía para pasar a la fase final del Mundial. Los africanos consideraron que ganar en su zona era más que suficiente para pasar directamente a la fase final. Esta norma de 1964 sería anulada cuatro años más tarde, en favor de África. Mientras tanto, con setenta equipos participantes en la fase clasificatoria (otro nuevo récord), la FIFA decidió que de Europa se debían clasificar diez equipos, de Sudamérica cuatro, de Asia uno y de Norteamérica y Centroamérica otro.

Los clasificados más sobresalientes de este Mundial fueron los portugueses, que llegaban a la fase final por primera vez a pesar de haber caído en el mismo grupo que Checoslovaquia, una de las finalistas cuatro años antes. Los ingleses, en presencia de su propia hinchada y de las cámaras de la BBC, estaban, como es natural, entre los favoritos del torneo. Jugando bien y sin conceder un gol, fueron ganando partidos hasta llegar a cuartos de final: empataron a cero contra Uruguay y ganaron por 2-0 a México y a Francia. Pero la gran noticia de la primera vuelta fue la eliminación de la selección que ostentaba el título, la brasileña. Tras vencer a Bulgaria, Pelé y sus secuaces cayeron ante Hungría y, poco después, ante el equipo revelación, Portugal. Y una vez más, Pelé fue víctima del juego duro de las defensas. Lesionado contra Bulgaria, se perdió el partido frente a Hungría y tuvo que ser retirado en camilla durante el encuentro contra Portugal.

Campeones en casa

Entre los clasificados para la segunda vuelta estuvieron los coreanos del norte, que sorprendieron a todo el mundo tumbando a los italianos para, en su siguiente cita, cobrar una ventaja de 3-0 contra los portugueses en el partido más electrizante del torneo. Portugal resurgió de sus cenizas y acabó ganando 5-3, con cuatro goles de Eusebio. El resto del torneo, sin embargo, no gozó del mismo ímpetu. Los ingleses, que tenían la clara ventaja de jugar todos sus partidos en Wembley, terminaron consiguiendo el título al derrotar a Alemania por 4-2 en la prórroga de la final. El capitán, Bobby Moore, condujo a su equipo hasta el palco real para recibir el trofeo de manos de la Reina Isabel II.